He vuelto. He vuelto después de un mes huyendo de ti, de mí...

Creía estar deseando volver pero la rutina ya me resulta más asfixiante que reconfortante. Me fijo en las caras de la gente, no han cambiado.

Llego a casa. La nevera vacía, el polvo por todas partes, decenas de arañas que han aparecido en las esquinas del baño, del comedor, de la cocina, de la cama que tantas veces compartimos. Hasta en el súper no está nada en su sitio. Y lloro.

Después de una larga ducha decido salir a la calle con mi i-pod a ojear las tiendas y a comprar algo en las rebajas. Después de mucho mirar (soy mujer...)al final me he comprado un jersey negro (nunca viene mal) y un abrigo rojo de lana. POR FIN.

Ha pasando un tiempo y seguramente aún no has entendido porqué me fui. Cuando te planteaba que lo dejáramos por un tiempo siempre te reías. Me decías que nunca sería capaz de hacer nada sin ti, que era una esúpida y que te necesitaba. Te equivocabas.

Dejé el abrigo rojo encima de la cama. Ese que me regalaste en una de nuestras primeras citas cuando al pasar por el escaparate de una tienda que ya no existe, me paré a mirarlo. Lo había llevado puesto el día que me presentaste a tus padres, la semana que estuvimos en Londres de viaje por primera vez, la noche en que me dijiste que me amabas...

Dicen que no entiendes porqué me fui sin él. Eso es porqué no se te ocurrió pensar que quizá había comprado uno nuevo...

Hoy lo he hecho. Tengo un abrigo rojo de lana nuevo. Y soy muy feliz.